Acampada Juveniles: Una noche que forma comunidad
- YMCA Perú
- Jan 26
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El sábado 17 de enero realizamos la primera acampada en YMCA Surco que resume muy bien lo que buscamos en Juveniles: que las y los adolescentes vivan una experiencia intensa, divertida y con propósito, en un espacio cuidado.

De 19:00 a 7:00 hrs., 12 horas dentro de la sede, de noche, sin salidas ni ingresos de personas externas. Esa es la base para que la acampada funcione: libertad para vivir la experiencia, con un marco claro y seguro.
Si bien las acampadas nacieron como primer paso para que jóvenes se preparen para lo que viene después: un campamento de tres días fuera de casa. Pero hoy las acampadas ya no son solo preparación: se han convertido en una experiencia propia para adolescentes. Una noche donde practican convivencia real: acuerdos, confianza, equipo, límites sanos y pertenencia.
La noche arrancó con integración simple y efectiva: juegos de mesa, dinámicas de presentación y armado de equipos. Ese momento donde el grupo deja de estar “en modo desconocidos” y empieza a actuar como comunidad. Presentamos al staff desde la cercanía: estamos para acompañar, sostener y retar cuando toca.
Después subimos el ritmo con juegos masivos, guerra de colores, piscina y cantos recreativos. Se ve como diversión —y lo es—, pero también es entrenamiento: coordinación, liderazgo compartido, inclusión y cooperación. Cuando alguien se quedaba fuera, lo trabajábamos en el momento. Ese es el aprendizaje que vale.
En el corazón de la madrugada vino una parte clave: una representación teatral del origen de la YMCA y George Williams. No como “historia para memorizar”, sino como sentido: por qué existe la YMCA y qué significa construir espacios donde las juventudes crecen en cuerpo, mente y espíritu.
Con esa idea activada, pasamos a un recorrido tipo misión: estaciones con retos físicos, mentales y de reflexión. El objetivo común fue encontrar a George Williams y el cofre simbólico del nacimiento YMCA. Y ahí se vio lo mejor: equipos que aprendieron a comunicarse, a corregirse rápido y a empujar juntos.
Cerramos con un espacio devocional breve y honesto. Cada joven expresó —con un gesto simbólico— cómo era antes, cómo se reconoce hoy y cómo quiere proyectarse. Y el cierre fue de los que se quedan: varios manifestaron voluntariamente su deseo de ser parte de la comunidad YMCA.
Nos quedamos con una certeza: la acampada no es “una noche más”. Es una experiencia que forma, marca y une. Y cuando amanece, se nota: el grupo ya no es el mismo que llegó a las 7 de la noche.
Una noche fuera. Una comunidad dentro.
















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